Domingo, 05. Septiembre 2010
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HACE 3 AÑOS. Campaña de la Siniestra PDF Imprimir E-mail

Hace tres años...¿Había o no razón?

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ANULA Y AL ANGEL PDF Imprimir E-mail

5 de julio. MURAL POR LA DEMOCRACIA

ANULA y...Al Angel

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Candidato Independiente en la Delegación Cuauhtémoc PDF Imprimir E-mail

 Urnas para la ciudadanía

Marco Rascón

 


No hay que abstenerse, no hay que confundirse: el problema está en la clase política y sus estructuras institucionales, no en la política. El problema son los políticos; la solución es la política.

Ciudadanizar los procesos electorales no es despojarse de ideología ni correrse al centro. Ciudadanizar los instrumentos del poder, en particular los procesos electorales, es una necesidad, un principio democrático y un proceso.

Se puede avanzar mediante rupturas y coyunturas concretas, pero también con reformas graduales. El objetivo es solucionar el secuestro de los procesos electorales que perpetraron los partidos, abriendo los accesos para ejercer el poder, legislar, comunicar, recaudar, distribuir, desde la perspectiva directa de la ciudadanía y no sólo desde el filtro de los partidos y sus profesionales.

Con las reformas electorales anteriores se creó el Instituto Federal Electoral (IFE) y sus estructuras estatales, bajo el principio de la autonomía, la presencia ciudadana y de los partidos políticos; hubo alternancia del poder entre partidos; cambios en la estructura de los órganos legislativos y la forma de designar consejeros y magistrados en el nuevo poder electoral y judicial. Hubo, con ello, nuevos órganos de fiscalización de la función pública para crear nuevos equilibrios y de esta manera se asignaron recursos, presupuestos y prerrogativas; sin embargo, pese a cientos de cambios, poco cambió. Nuevas formas de perversión del poder, nuevos atavismos y un nuevo conservadurismo nacieron al paralelo del México reformado. Todos los partidos políticos se cerraron y hoy se colapsan jurídicamente ante el cúmulo de violaciones sistemáticas, la disputa por el control de los órganos electorales y de vigilancia para informar y equilibrar. La lucha por las prerrogativas es la lucha por los porcentajes en las urnas, sin que importe la magnitud de la abstención ciudadana. La transfusión de recursos de los presupuestos electorales a los medios de comunicación para promocionar el voto partidario es inmensa y poco ayuda a politizar a la ciudadanía. La comunicación electoral se ha convertido en lugar común de frases y personajes que tratan de darse a conocer, sin tener obra social ninguna.

El IFE se ha transformado en los últimos tiempos por la presión de los partidos, no de la ciudadanía. Las formas de elección de sus consejeros se pervirtieron y los partidos las han querido hacer un reparto. El cúmulo de multas es millonario y a los ojos de la ciudadanía se aplican y condenan con alto nivel de discrecionalidad que no se da en otros ámbitos administrativos, menos fiscales.

La relación entre prerrogativas a partidos y recaudación fiscal no existe, pero destruye la credibilidad en los órganos electorales y las campañas para renovar poderes. Los ciudadanos causantes son atados y vigilados; los partidos, constantemente liberados. Esto ha permitido que crezca el esquema conservador de que hay que abstenerse, alejarse de la política y que los partidos no son necesarios. Las ideas autoritarias y dictatoriales crecen, mientras los principios democráticos naufragan.

Todos los partidos políticos registrados han mostrado desde lo interno una cultura autoritaria. El clientelismo político se ha hecho una costumbre para mantener posiciones internas que permitan acceder al campo de lo externo. Los pequeños grupos hacen alianzas para representarse y hasta los liderazgos partidarios se derrumban frente a la voracidad por los puestos. La ciudadanía no tiene ninguna posibilidad de acceder por estos medios a la representación legislativa, menos al gobierno. En todo caso, podrán ser invitados como funcionarios, pero en condición de subclase; no tienen acceso al poder de manera directa. Son los partidos y su actuación los que alejan a la ciudadanía de las urnas, pues al final el resultado electoral en poco cambia las formas de gobierno y las políticas públicas, ante la pérdida de la imaginación de esa clase política partidaria, cada vez con menos compromisos y menos relación con la sociedad.

Para estas elecciones de 2009 es posible expresar el hartazgo ciudadano, organizando un proceso electoral paralelo que cuestione el sistema de partidos actual, que no sólo convoque a votar por candidatos, sino también por temas que cambien las prácticas políticas y vuelvan a conectar la política con la ciudadanía. Urnas para los ciudadanos, con boletas y cómputo propios que recuerden el plebiscito ciudadano de 1993 en la lucha por elegir gobierno propio en el Distrito Federal. Urnas para abrir el acceso a candidaturas independientes para el acceso ciudadano y llenar de propuestas directas, verdaderas, las campañas y los representantes.

La incapacidad de los partidos políticos actuales para representar, conducir, transformar y abrir a la ciudadanía no vendrá de los mismos partidos que se benefician con las estructuras actuales, sino de la ciudadanía, que debe presionar con sus urnas el mismo día de las elecciones.

 

 
Marcelo y la Ruta 22 a la Presidencia PDF Imprimir E-mail
Hay una ruta a la Presidencia de la República que fue descubierta el 15 de marzo y se llama Ruta 22. Pese a no mencionarla, se le agradece a Marcelo Ebrard que haya hablado en Washington con tanta profundidad sobre el Partido de la Revolución Democrática (PRD), distrayendo los temas de su agenda, soslayando esa ruta inédita al poder que desde su gobierno impusieron.

Dijo Marcelo en conferencia magistral en el Centro Woodrow Wilson que el PRD "debe empezar a reorganizarse desde este año, porque no está a la altura de las expectativas ciudadanas para ganar la Presidencia de la República en 2012. Si no se hace eso, no vamos a llegar a ningún lado". Y luego preguntó: "¿Qué sigue en el PRD? El cambio más importante de su historia [...], debe modificarse la forma de resolver sus conflictos internos, y debe revisarse toda la plataforma y todo el programa político que se presente al país y plantearse cómo incluir a todas las fuerzas de izquierda. No se puede seguir teniendo una visión que favorece la facción, por encima de cualquier otra cosa".

El discurso es sin duda impecable frente a una audiencia abierta a ser convencida de que en México hay políticos con buenas intenciones y una izquierda que mira hacia el norte y no al sur; un discurso para convencer a Estados Unidos, que juzga la democracia en el mundo y a la cual se acude en busca de reconocimiento. Por conducto de él Marcelo ha dicho al PRD que no está a la altura de sus aspiraciones presidenciales, ocultando su alianza con el bejaranismo, condescendiente con la manipulación de los programas sociales, el acarreo y compra de votantes, como en los viejos tiempos.

Lo que vimos el 15 de marzo fueron viejos usos y costumbres en la disputa por la correlación de fuerzas hacia dentro del PRD, pero Marcelo, pese a los llamados, decidió convertirse no en la solución del problema, sino en una facción más, aliado a quien le garantizaba sumisión, pero no apertura. Marcelo ocultó ante los buscadores de democracia de Washington que fue un aliado del segmento más clientelar, atrasado, sin proyecto y sectario, cuyos precandidatos son electos por René Bejarano y su "Movimiento Nacional por la Esperanza", convertido en el recaudador de rentas del lopezobradorismo que pasa de un proyecto organizativista a otro, y ofrece como posibilidad de triunfo, no una propuesta, sino que el país estará destruido en 2012 y eso los hará llegar a la Presidencia, como único objetivo. Marcelo anunció en Washington, tomando al PRD como señuelo, que la alianza Marcelo-Bejarano-López Obrador continuará, hasta que los intereses los separen.

Por eso el 15 de marzo, en delegaciones como Tlalpan, Iztapalapa, Álvaro Obregón, Iztacalco y Cuauhtémoc, hasta las 13 horas la competencia era reñida y de pronto apareció la Ruta 22, integrada con decenas de microbuses de los que bajaron cientos de personas a votar en las casillas; de taxis sin placas, aparecieron grupos de golpeadores y la lista nominal de votantes se extendió sin control, doblando el número de votos de hace tres años. Del estado de México llegaron a votar al Distrito Federal, hubo júbilo en la alianza y, como firma de confusión, la dirección nacional del PRD declaró que pese a todo "los incidentes habían sido menores".

¿Quién es el propietario de la Ruta 22, a la cual hoy se le debe el gran favor del triunfo de la alianza? ¿Es posible retirarle la concesión por su intromisión abierta en las elecciones internas del PRD, o lo van a premiar con más concesiones? No se necesitaría ir hasta Washington para que el jefe de Gobierno nos explicara estas cosas tan sencillas que se hicieron al amparo de su gobierno, por omisión y comisión.

Claro como el agua es que tanto al PRI como al PAN les convenían los peores candidatos. La promoción anti-PRD en favor del PT y Convergencia, que no les quitarán ni un voto a los otros partidos, pero que, en el acto del canibalismo más preclaro y siniestro, les levantarán el porcentaje de votos a los otros partidos, son la base de la alianza Marcelo-Bejarano-López Obrador, que hoy, ganando de nuevo con los peores, se sienten fortalecidos.

Lo que vimos en las urnas el 15 de marzo fue la misma fuerza exhibida el 30 de noviembre de 2008 en el Monumento a la Revolución, donde resurgió el gran elector René Bejarano, dueño presupuestal de 14 delegaciones al amparo de la debilidad del PRD y sus aliados abiertos y vergonzantes. Ahí estaba la renovación del discurso del clientelismo y el agotamiento ético y programático, basado en la impunidad.

Siendo la capital del país la gran reserva política histórica de la izquierda electoral, los principales golpes a su electorado han venido de lo que se ofrece como su salvación: el plantón de Reforma en 2006, los llamados a "ni un voto por el PRD", el regreso triunfante de Bejarano en noviembre de 2008 y ahora, desde el gobierno de Marcelo Ebrard, la imposición de sus candidatos.

Ésa es la Ruta 22 a la Presidencia, condenada al fracaso, ruta que no es la de la izquierda.
 
Marco Rascón
 
Lakoff y nuestras contradicciones PDF Imprimir E-mail

Está tan mal todo, que cualquier crítica no se equivoca. Todo lo que digamos que está mal es un acierto político, ético y filosófico.

Los paraísos propios o imaginarios se construyen argumentando que el otro es peor, y si se dice un pro, habrá una mayoría que dirá que nada es posible. Lo correcto hoy es decir, preguntando: "Qué mal está todo, ¿verdad?"

Es sin duda un tiempo oscuro y de confusión general que sólo puede funcionar olvidando lo que éramos y dividiendo el mundo entre los malos y los buenos. Por ello, hoy hay más profetas de la ruina y el colapso que diseñadores gráficos, como cuando éstos acabaron con el imperio de los economistas y éstos, a su vez, con el de los licenciados.

Con la crisis permanente se nos hizo una mentalidad contradictoria que se disputa un mismo y pequeño espacio: unos quieren vivienda, otros que ya no se construyan. Unos quieren obras y otros que paren. Unos quieren estacionarse rápido y otros que desaparezca el valet parking. Unos quieren seguridad y todos sospechan de la policía. Unos quieren conservar y otros transformar. Unos quieren conservar selvas y pirámides, mientras que otros quieren hacer negocios con ellas. Unos quieren reglas estrictas, otros no reconocer ninguna. Todos quieren tener un coche, nadie desea una gasolinera cerca. Existe el salario mínimo constitucional, que la economía hace ilegal, porque no logra la satisfacción de las necesidades básicas del obrero y su familia, pero en el fondo es aceptado por todos: gobierno, patrones y sindicatos.

Hoy pareciera que la derecha se apoderó del sentimiento de cambio, en tanto que la izquierda se aferra a la idea de "resistir" los cambios y reformas. Hay contradicción en el pensamiento ideológico con el sentimiento de rebeldía, pues mientras los dialécticos, que deberían ser por esencia transformadores, ahora han puesto la máquina al final del tren y jalan en sentido contrario bajo el llamado a la resistencia, la derecha promueve cambios para mantener un sistema de desigualdad y privilegios.

Bajo estas contradicciones que permean todo están los Puntos de reflexión, manual del progresista, de George Lakoff, quien dice en su prefacio que el objetivo del texto es traducir nuestros sentimientos (contradictorios) al lenguaje.

Entre la izquierda es frecuente encontrar personas que han tomado la decisión de comprometerse políticamente llevadas por un sentimiento de rebeldía ante la explotación, ante la opresión (los fraudes, como en México), afirma el lingüista y fundador de la semántica generativa. Pero este sentimiento de rebeldía y esa intuición de justicia deben encontrar caminos de expresión, y en democracia ese cauce son los argumentos, las ideas y las palabras, pero, ¿cómo hacer esto en una sociedad que ha destruido su tejido social, ya no cree en el valor social del trabajo y sus comunidades son de permanente contradicción y conflicto?

Las ideas o las palabras no son resultado espontáneo de los sentimientos de rebeldía, sino que necesitan elaboración, requieren documentarse y, sobre todo, debatirse porque las palabras compiten con otras de manera permanente. Por eso la derecha, dice Lakoff, se ha hecho experta en utilizar contra la gente los mismos sentimientos de rebeldía frente a la injusticia. Se ha desarrollado todo un sistema de comunicación por los sectores conservadores, para usar nuestras esperanzas contra nosotros mismos, manipulando los recursos lingüísticos. Frente a esto, la izquierda debe construir sus propios marcos conceptuales, liberando de la contradicción entre los sentimientos de rebeldía y justicia con formas de expresión, ideas, propuestas y programas que no sean simplemente para resistir o declarar a la esperanza como un fin, sino para construir y reconstruir la vida social y política bajo ideas democráticas.

Bajo este manual del progresista, George Lakoff plantea que el centro político no existe, sino que los ciudadanos son "biconceptuales", es decir, que abrigan una parte conservadora y otra liberal, progresista, transformadora. Por eso hay quienes desde la izquierda promueven políticas ultraconservadoras y no se dan cuenta de que han asumido inconscientemente las ideas de los contrarios y hasta de sus propagandistas.

El asunto es cómo la izquierda construirá esa base conceptual para sortear la contradicción existente.

Entender este "biconceptulismo" entre la búsqueda del ciudadano a conservar su situación y arriesgarse a cambios, formas nuevas y un nuevo lenguaje nos llevaría a encontrar en la crítica algo más que el no equivocarnos, que ahora es fácil de hacer. Nos haría hacer de la crítica una práctica también, y un activismo que junte de nuevo la idea dialéctica transformadora con los sentimientos de justicia, derechos, convivencia e igualdad ante una sociedad y una política, que, aun polarizada en siglas, vive bajo el esquema impuesto por las derechas conservadoras que promueven cambios para retroceder.

Marco Rascón

Publicado en el diario mexicano La Jornada el martes martes 24 de febrero del 2009

 

 
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“... Como en Nueva York” PDF Imprimir E-mail

Y mientras se detiene con estridencia (por unos días) el albazo de la reforma petrolera y se abren grandes yacimientos de demagogia a favor de la privatización, en la capital continúa la imposición del plan Giuliani, utilizando a la izquierda para someter la ciudad a los intereses de la derecha y la intolerancia.

Se ha dicho que se quiere hacer del Distrito Federal una ciudad “como la de Nueva York” y, tras lo que ha sido Rudolph Giuliani tanto en la gran manzana como durante su asesoría al Gobierno del Distrito Federal en 2003, hoy existen elementos que, si bien han sido presentados de manera aislada e inconexa, al unirse dan el concepto de ciudad que se está imponiendo bajo el signo de la izquierda y que constituye, por así decirlo, el “crimen perfecto, pues con la izquierda se construye el proyecto de ciudad de la derecha”.

Bastó llamarle “la ciudad de la esperanza” o “ciudad en movimiento” para repartir puestos y presupuestos, para someter toda la fuerza opositora que al final del siglo XX frenaba los objetivos de la ciudad segregada y neoliberal y hacer impunemente lo que no podían ni el PRI ni el PAN.

Bajo el concepto de “cero tolerancia” no sólo avanza el criterio policial de seguridad, sino un nuevo control social que da lugar, a su vez, al nuevo desarrollo inmobiliario segregacionista y expulsor de los sectores empobrecidos. Ya desde antes de Giuliani en Nueva York se venía aplicando la estrategia urbana de expulsar negros y pobres del centro, para desde ahí en forma centrífuga empezar a cambiar el orden de las ciudades.

En Nueva York se empezó con Times Square, llena de hoteles baratísimos, que albergaba lo que alguna vez vimos en Taxi Driver. Hoy ya no existen más en esa zona, fueron expulsados y el área fue limpiada, al igual que el Centro Histórico de México, lo cual todos festejamos al reconocer que el problema del desempleo era ficticio. Así, zonas deprimidas, como el Soho de Nueva York, habitadas por artistas que dan prestigio al área, son sustituidas por tiendas caras y grandes edificios que se levantan en zonas exclusivas como apunta ya el corredor de la Alameda. Conforme avanza la fuerza inmobiliaria, la arruga ambulante también se desplaza para refugiarse en la Tabacalera, Roma, Juárez y Cuauhtémoc.

En esta lucha por el espacio y la remodelación, colocan cámaras de video por todas partes, lo que se traduce en un éxito, luego de ver actuar a terroristas y narcotraficantes poniendo bombas en una estación de policía.

Los kioscos de periódicos se llenan de noticias amarillistas de crímenes. La policía no uniformada se disfraza de emo, dark o vagabundo del Metro o el transporte público. Se cierran centros nocturnos en el área central y se remodelan espacios públicos, seccionándolos para impedir grandes concentraciones, como ahora en el Zócalo.

La universidad nacional es un objetivo, pues se considera que de ahí salen ideas que impiden el desarrollo de la nueva ciudad que ya cuenta con ley antifumadores para justificar y preparar el hecho de que los ciudadanos se vuelvan policías de los otros ciudadanos, gracias a que existe un número telefónico para denunciar a tu vecino fumador y luego como terrorista. Esta ley sirve para dividir abajo: entre ciudadanos limpios y los que matan al prójimo. En Nueva York subió el precio del tabaco y ahora se compra en los estados vecinos, así como ahora se puede ir a fumar al estado de México, con gran beneficio económico para los municipios conurbados.

Hay también leyes antigrafiti y se promueve un fascismo ecológico que demanda endurecer, vigilar y segregar más a los vecinos. Las manifestaciones y protestas neoyorquinas son reguladas; sólo pueden efectuarse caminando. Para allá van los asambleístas locales, mientras las manifestaciones actuales, con los más pobres y sujetos a estructuras clientelares, abren el clima para “reglamentar las manifestaciones”.

De la misma manera que la ley antifumadores no salió del PRD, sino de la mano invisible de Elba Esther Gordillo, la ley antimanifestantes saldrá de la oposición, pero por arte de magia hará mayoría a favor del plan Giuliani.

¡Ésa es la ciudad que queremos! Es lo que dicen algunos, pero eso tampoco tiene nada que ver con la ciudad participativa y democrática, incluyente y solidaria por la que luchaba la izquierda.

La ciudad de México ha sido aislada deliberadamente, pues cada provincia vive un proceso similar de autonomización, pero todos marcados por la visión segregacionista, mercantil y autoritaria a la que muchos teóricamente aluden en su crítica antineoliberal, pero en los hechos dejan pasar y respaldan.

A partir del año 2000 en el Gobierno del Distrito Federal hay una expulsión de terciopelo de la izquierda. ¿Se imaginan un segundo piso, ley cívica de “cero tolerancia”, asesoría de Giuliani, ley fascista antifumadores, desaparición de ambulantes, contratismo sin licitación, por iniciativa de un gobierno panista o priísta?

No hay duda: con el PRD ocupado como está, el crimen fue perfecto.

Marco Rascón 

Publicado en el diario mexicano La Jornada el martes lunes 15 de abril de 2008

 
El día y la noche PDF Imprimir E-mail

¿El bien y el mal? Falso. Necesitamos la lámpara de Diógenes para encontrar la verdadera ciudad, que no sólo está en el día, sino también en la noche.

La recesión, la atonía y la crisis económica son una realidad nacional. Aportaron para llegar a ellas los factores objetivos, pero también los inducidos.

Sufren con la recesión los sectores más amplios que obtienen sus ingresos del salario y consumen ante el encarecimiento de las mercancías, la devaluación del dinero y el valor del trabajo. Toda la estructura económica se esfuerza más y se reparte más injustamente.

La crisis, aunque no es novedosa en México, pues hemos vivido más de 32 años en ella, con sus ciclos de expansión y contracción, hoy nos pone en disyuntivas y decisiones que implicarían cambios y reconversiones para repensar el funcionamiento de las ciudades ante la deformación de un desarrollo urbano que segrega, dificulta, agrede el espacio público, lo privatiza y genera en él obras públicas que nunca se sabe si son las prioritarias. El razonamiento conservador piensa en ordenar restringiendo más, cuando la salida ante la recesión está en liberar de trabas para generar actividad y no deteriorar más las condiciones de vida y de trabajo.

Se entienden un conjunto de implicaciones de la recesión mundial y sus efectos en la vida local y cotidiana; se entienden los efectos de las leyes de la oferta y la demanda, la especulación, la anarquía de los mercados, pero no se entiende cuando a éstas se les agrega las que inventan los gobernantes y legisladores para complicar y dificultar más las condiciones de las pequeñas y medianas empresas.

Ya hay un consenso de que estamos en recesión y crisis y, sin embargo, la clase política, gobernantes y legisladores de todos los niveles de gobierno agregan más obstáculos a la actividad económica, respondiendo a la recesión con más recesión en sus decretos y legislaciones.

Tanto a escala local como federal se hizo una competencia para endurecer las leyes contra el consumo de tabaco, demostrando, que les preocupa mucho el aparato respiratorio de los ciudadanos, pero no el digestivo; que la salud afectada por alimentación dañina no interesa al Estado, y los resultados son que más de 11 por ciento de la población padece diabetes, que afecta a niños y jóvenes, a los que deja amputados, ciegos y con el páncreas y el hígado destruidos.

Pero a lo del tabaco, con su dosis de falsa moral, se le agrega la restricción del horario, y por ambas, una contribución a la caída del empleo y a las quiebras. Sus propuestas son subsidiar con impuestos, pero restringir la actividad que los paga. Descubrimos que no somos la ciudad más grande del mundo, pero sí el rancho más enorme, y las autoridades y legisladores se van convirtiendo en parte del problema, generadores de recesión y no la solución o el alivio de ella.

La ciudad de México, con su infraestructura, tendría un alivio a mediano y largo plazos si, en vez de restringir artificialmente el consumo y la actividad económica, la liberara y restituyera los derechos tanto de fumadores como de no fumadores (nadie podría decir que fumar es saludable, pero unos como otros tienen derecho al mismo consumo, estableciendo condiciones para no afectar a terceros).

En el caso del horario, esto es una aberración mayúscula, pues es ¡al revés! Debería promoverse que una parte de la actividad urbana –como la recolección de basura, cargas de gas estacionario, entregas de refresco y cerveza, materiales de construcción, que generan cuellos de botellas y ahorcan a la ciudad en las horas pico– fuera nocturna.

Esto significaría que los establecimientos tendrían que generar empleos nocturnos para recibir proveedores, empleos que a su vez requerirían de transportes nocturnos, otros para servir y surtir, como supermercados, bares y cafés, bancos para pagos de servicios, ampliando la actividad de 14 a 24 horas. De entrada, la noche sería más segura en la ciudad.

¿A quién beneficia la noche desierta? A nadie. Es un desperdicio de infraestructura, de tiempo y posibilidades concentrar toda la actividad durante el día. Las posibilidades futuras en las ciudades de alta concentración poblacional son al revés de como las conciben nuestros legisladores y gobernantes: no es restringir el horario, sino ampliarlo y dar condiciones para extender todas las actividades. Es bajo ese principio de distribución de la actividad que se modifica el horario de verano-invierno, pero ello es limitado a la luz solar.

Extender y repartir la actividad de la ciudad a la noche es un asunto estructural y funcional. Oponerse tiene un componente de contribución a la recesión.

Por ello, en contrasentido de lo que han hecho los gobiernos en estos tiempos, hay que demandar revisar las leyes contra los fumadores, las de los horarios, y empezar a debatir un concepto distinto de la vida de la ciudad, los derechos y la integración de todos sus habitantes. ¡Viva la noche!

Marco Rascón 

Publicado en el diario mexicano La Jornada el martes 6 de enero de 2009

 
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