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HISTORIA DE LA AGENDA ROBADA
Marco Rascón
De la misma forma que se hizo escarnio del cuerpo del capo Arturo Beltrán Leyva, la clase política casi en conjunto, ha hecho lo mismo con el decálogo de Felipe Calderón.
Esta propuesta de reforma política, surge de la debilidad presidencial y no de la fuerza; es no obstante, el eslabón más débil del sistema actual de partidos que asfixia al país y sus ciudadanos; que crea controversia ante la decadencia del sistema político mexicano y la necesidad que empuja en México, a una reforma del estado profunda e integral. ¿Si el PRI, los partidos, diputados, magistrados y senadores se alimentan de la debilidad del “ilegítimo”, porque los ciudadanos no?
Es de controversia la propuesta de Calderón, porque pareciera un discurso reformista de finales de los 80´s y principios de los 90´s; se parece en temas a una discusión de intelectuales del Colegio de México o a un foro de politólogos en televisión; tiene semejanza con el motivo para ceder una candidatura presidencial a favor de Vicente Fox y la ruptura posterior con él; se parece a las justificaciones por el “voto útil”; tiene afinidades con los ideólogos del centro democrático; hay similitudes con resoluciones en foros convocados por fundaciones que promueven la transición; tiene analogías con propuestas ciudadanas en el 2009; se ligan muchos de sus puntos al tema de la gobernabilidad, la transición; tiene conceptos que han aparecido casi siempre en toda propuesta de reforma y en el discurso de las oposiciones; ha sido parte de los discursos de las fracciones del PRI para la reforma del Estado y de muchos que fueron y son diputados y senadores del PRD, PT, Convergencia y PAN.
Rara vez, más bien nunca, fueron estas palabras, parte de un discurso del poder. Es probable que en su debilidad política Felipe Calderón haya soltado la propuesta para salvarse él, pero para que los partidos y sus agentes, dejaran su decálogo destrozado y ensangrentado, lleno de billetes y amuletos como el cuerpo de Beltrán Leyva. Esa es la imagen navideña con la que despedimos el año.
Es por eso, que amerita observar la reacción de la clase política y los liderazgos a esta propuesta. Tiene mucho de infantil y de juguete robado. Unos dejan traslucir que es todo o nada; los más, que es insuficiente, y los que estudiaron ciencias políticas afirman que “lo único que interesa al pueblo es la crisis económica”.
Lo que no se percibe, es que la propuesta de Felipe Calderón, es parte sustancial de la crisis política. Por ser el más débil, se le adelantó al legislativo y los partidos, paralizados en sus agendas de poder. Partidos, gobernantes y legisladores minimizan, porque consideran que quién controla la agenda política, controla el poder y aceptar la de Calderón, sería reconocer que aún tiene un poco de mando. La mezquindad entre poderes y fuerzas, es lo políticamente correcto.
El decálogo de Felipe Calderón por supuesto es limitado e insuficiente; tiene propuestas para la gobernabilidad que busca presionar al legislativo para legitimar decretos, como es la propuesta de “iniciativas preferentes” del presidente; manda a la segunda vuelta presidencial la elección de legisladores, cuando esta debería ser en la primera y desde ahí en todo caso, hacerse alianzas en torno a programas, sustituyendo la visión pragmática electorera con la programática.
No puede haber reelección, si no hay revisión del uso de recursos a partidos y campañas y reforma al papel de los medios, no a que cedan sus micrófonos y se autorregulen, sino a que exista una verdadera competencia, abriendo y ampliando el otorgamiento de concesiones de radio y televisión.
En la agenda de partidos un tema a derrotar es el de las candidaturas independientes que fue lanzado como aguijón por Felipe Calderón a estos. Este punto será central para la negociación y dependerá de la movilización ciudadana para defenderlo. Su eje no es la reforma, sino su colocación al año 2012.
En la propuesta calderonista hay una gran ausencia: el debate sobre el estado laico. Mientras el ejecutivo lanza una propuesta de reforma política, un gobernador, avanzado como precandidato presidencial, va al Vaticano y revolviendo agendas políticas y privadas lanza un mensaje al México conservador y fáctico, sobre el perfil ideológico de su proyecto. Se vio no como telenovela, sino como imagen de Juan Nepomuceno Almonte en Miramar a nombre de “Los notables”, que hoy representan la jerarquía de la iglesia católica y los medios de comunicación monopolizados, estableciendo acuerdos. Esa es en los hechos consumados, una reforma política.
Entre el todo y el nada, se mueve la trivialización. Hace unos meses, esos temas estaban en decenas de foros y hoy, se degrada como tema. Los que tienen el poder, gimen, pero la guardan.
El 2010, empezara con la sorpresa zapatista y la lucha de la partidocracia y los oligárcas por restablecer la cadena. Por eso, para el 2010 deseamos: Reforma integral a favor de los ciudadanos, fin a la demagogia de la partidocracia y un cambio democrático en la correlación de fuerzas.
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